Eran las siete de la noche, el taxi tarareaba su sonido de bocina,
su muffler botaba ese humo carbonizado, sus luces estaban ciegas
de su propio resplandor.
A un alargado metro de distancia se ve una silueta femenina, el
taxista toma precavido su navaja cortapapeles, porqe cree que
es una silueta tranvestida.
Le pregunta ''¿ Pá' donde vá? Y ella le responde ''a algún norte
lejos del sur", el taxista se siente aliviado al saber que ella no
era lo que el pensaba, guardo su navaja cortapapeles, y dispuso
poner el ambiente con su aire acondicionado.
Ella por otra parte escucha el tintineo de su móvil que parecia un
concierto con el ringtone de cualquier artista, en dedicatoria
desesperada, aparecia el nombre de su admirador No. 1. Ella
dejo que sonara, lo miró tristemente y apagó el móvil y se quedo
mirando el paisaje que iluminaba ese tatuaje morado permanente,
que es de esos que son duros de quitar, solamente con el
despertar de los sentimientos y del yo interior, mientras tanto
ella mira el mismo paisaje, y el collage se gradúa colocandole la
misma luna.
Es la misma luna, empírica y formal, la que nos pone romáticos
al momento de la soledad, es la misma luna, correctiva y mortal,
que nos enseña al pie de la letra el paso a paso de la vida que se
eleva al cuadrado.
La viuda deleitaba sus lágrimas negras, al ver a su compañero
irse hasta este niche seductor, que hasta las flores se marchitaban
porque las lágrimas negras tocaron esas flores sus pétalos de terreno
fértil.
Al momento de esos minutos tristes y a la vez felices, donde esos salmos,
padres nuestros y los famosos rosarios se deslumbran ante esas
miradas brillantes, pero no de las lágrimas.
La viuda se despide por última vez la imagen de su prófugo que
se murió de la engañosa enfermedad infiel, y por última vez
le dice el adiós a ese féretro de ruedasque tiene de reflejo: a la misma
luna.
Es la misma luna, empinada y natural, la que nos siembra el movimiento
del amor y el odio, es la misma luna, manejada y ssensacional, que nos
entretiene con ese eclipse que nos hace formar esas sombras de amor.
La misma luna.
El campesino ara y ara su terreno con su arado de terciopelo, el olor a café
amanecido, los peñones ya son parte del camino, con la melodia de los
gallos a las cuatro, el público animal le despiden viendo esa pantalla natural,
con el fondo de la misma luna.
Berni Pérez.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario